Tenía apenas cuatro años cuando empezó a volar en planeador junto a su padre y en la adolescencia descubrió que quería dedicarse a eso. Actualmente, realiza aplicaciones aéreas y vuelos comerciales. Es la nueva protagonista de Tierra de Historias.


Volar hasta casi tocar el cielo y las nubes con las manos, y llegar bien alto para poder tener una mirada diferente del campo, donde los lotes parecen dibujados como sábanas con formas de rectángulos de colores que, de acuerdo con la época del año, se pintan de verde, amarillo o marrón, según el cultivo sembrado y su etapa fenológica.

Eso es lo que logra Lucía Vastik, la protagonista de un nuevo episodio de Tierra de Historias, la serie de podcast producida de manera integral por Profertil y conducida por el periodista Juan Ignacio Martínez Dodda.

Con apenas 24 años, es una de las mujeres piloto más jóvenes del país y su pasión nació bien de niña: su padre y su abuelo la llevaron a volar en planeador desde los cuatro años, y asegura que desde allí nació su interés en dedicarse a eso.

Hoy es una de las pocas mujeres que realiza aplicaciones aéreas de fitosanitarios y también lleva adelante vuelos comerciales o turísticos. A continuación, un extracto de la entrevista que puede escucharse completa en el canal específico de Spotify o al finalizar la nota.

-¿Cómo fue tu infancia? ¿De dónde viene esta pasión por volar?
– Yo me crie en Córdoba capital. Fui a un colegio católico. Una vida más o menos normal, de hacer actividades físicas y extracurriculares. Mi papá es piloto de planeador, aunque también vuela aviones, pero más que nada de planeador, entonces los fines de semana generalmente íbamos al Club de Planeadores de Córdoba, que se encuentra en Juárez Celman, y pasábamos el día alrededor de los aviones; en la pileta con los planeadores.

– ¿Si cerrás los ojos y te remontás a ese momento, a esa niña de entre 5 y 10 años, qué recordás?
– Me acuerdo del planeador, cuando lo ayudaba a mi papá a llevarlo a la pista o cosas así, que hay que hacer fuerza y yo era chica, me costaba un montón. Después salir a volar y sentir las cosquillitas en la panza, que después entendí que es la fuerza G que por ahí uno siente. Son muchísimos recuerdos. Salir a volar y ver las cosas chiquitas desde arriba.

– Así fue como decidiste que querías ser piloto. ¿Hubo alguna otra idea dando vuelta, de dedicarte a otra cosa?
– En realidad, yo empecé a volar acompañándolo a mi papá en el planeador, y en uno de esos vuelos un día recuerdo que me dejó pilotear a mí. Ya tenía 13 años más o menos y caí en la ficha de lo que estaba pasando, que estaba volando aviones y planeadores, que no era algo normal, aunque para mí sí lo era por mi familia. Empecé a tomar conciencia de eso y en algún momento me dio un poco de miedo; pero después dije “no, esto funciona así” y empezó como un hobby a esa edad. Inicié el curso con 15 años y a medida que fue pasando el tiempo naturalmente se dio que decidí dedicarme a eso. Pero en realidad cuando era chica yo decía que quería ser astronauta, directora de cine, millones de cosas. Terminé inscribiéndome en inglés, porque quería ser intérprete, pero no sequía. La verdad que cuando vi que podía comercialmente trabajar de piloto, me dediqué de lleno.

– Y cuando dijiste “quiero ser piloto”, ¿qué te imaginabas haciendo?
– Esto se empezó a macerar cuando yo tenía 15 años, que me subí por primera vez en un avión comercial, y ahí vi que podía vivir de esto, trabajar de la aviación. Lo primero que pensé es que podía ser azafata, por una cuestión quizás de lógica, porque hay muchas mujeres que son azafatas. Pero de a poquito fui conociendo otras mujeres piloto, referentes para mí, que se dedicaban a esto. Inicialmente la idea era ser piloto de aerolínea, no tenía en mi cabeza otras actividades, pero trabajando fui conociendo cosas como publicidad aérea, aplicaciones, lucha contra incendios, vuelos sanitarios, vuelos privados de turismo.

– ¿Cómo surgió lo de ser aeroaplicadora? Porque no tenías una relación directa con el campo.
– En un momento sí, mi papá tuvo una cosechadora y se hablaba del campo en casa. Y a mí siempre me llamó un poco la atención, aunque no entendía bien. Pero el tema de las aplicaciones también se escuchaba en casa por un amigo de la familia, que volaba y todos decían que estaban medio loco, porque volaba de tal manera, y me dio curiosidad qué era lo que hacía. Eso me fue llevando a conocer gente, por suerte hice unos muy buenos amigos que son aplicadores y pude conocer la actividad desde adentro. No fue hace mucho, habrá sido en 2018, ya con 18 años, estaba conociendo la empresa de estos amigos, remolcando planeadores, y el avión que se usa es el mismo que se usa para pulverizar. Entonces es como que todo empezó a encaminarse y conocí la actividad: vi como trabajaban, qué hacían cuando volaban, cómo volaban y me pareció fascinante.

– ¿Qué te gusta hoy de ser aeroaplicadora?
– Me gusta que el tipo de vuelo que uno hace es más que un vuelo en sí. Si bien el vuelo es intenso, porque te mantiene a todo momento muy concentrado, estás a metros del piso y hay muchos obstáculos como cables, postes y demás; más allá de todo eso, es hermoso todo lo vinculado a la logística del vuelo. Es decir, tengo que salir con un avión cargado con tantos litros, hacer tal lote, tal cultivo. Dejás de ser un piloto solamente; tenés una misión más. Y me parece muy lindo el campo; me gusta estar ahí e ir viendo el proceso de las aplicaciones, conocer qué pasa entre medio, cómo crece el cultivo. En definitiva, que soy un eslabón en una cadena.

– ¿Qué aspectos son importantes para lograr una correcta aplicación aérea?
– Primero, para dar en el blanco, uno tiene que tener bien calibrado el avión en el que vuela. Eso se hace a través de tarjetas y hay que conocer el ancho de franja de labor. También qué tipo de gota vas a usar para cada trabajo. Todo esto forma parte de las buenas prácticas agrícolas, que son ciertas pautas para cuidar el medio ambiente, a los animales, a las personas y a los cultivos. Y también la seguridad de los trabajadores.

– ¿A qué altura es lo más bajo que vuelan?
– Normalmente, a un metro del cultivo más o menos. En un maíz, por ejemplo, estás a tres metros del piso.

– Más allá de las aplicaciones, ¿cuál es el lugar por donde más te gusta volar?
– A mí, porque soy cordobesa, me encanta volar sobre las sierras de Córdoba, pero no podría elegir un solo paisaje. He sobrevolado la costa de Buenos Aires, Mendoza, Cafayate en Catamarca, un montón de lugares que me parecen impresionantes, siempre además van cambiando los paisajes. Quizás uno está volando sobre cierto lugar y justo está amaneciendo o atardeciendo, parece otra pintura; el sol, las nubes, todo cambia.

– ¿Y hay algún lugar en el que te gustaría sobrevolar?
– Tengo pendiente sobrevolar las Cataratas de Iguazú, me gustaría hacer eso.

– ¿Qué crees que pueden aportar los jóvenes de tu generación y más con algo tan importante como las aeroaplicaciones? ¿Hay otras mujeres dedicándose a esto?
– Creo que la gente de mi generación lo que traemos principalmente es otra cabeza en base a lo que son los estereotipos; venimos con menos prejuicios y también que ya nacimos con la tecnología, entonces nos adaptamos más fácil. En cuanto a las mujeres, creo también que nuestra generación tiene mucho más naturalizado hacer cosas independientemente del género y eso está bueno. A mi me gusta dar visibilidad a lo que hago, porque desde que lo hice muchas chicas se contactaron conmigo, y siempre digo que estoy abierta eso, a dar ese espacio, ese lugar.

– ¿Hay alguna mujer que te haya servido de modelo o inspiración en este rubro?
– Me gusta mucho la historia de Amelia Earhart (N. de R: la primera mujer piloto en cruzar en avión el Océano Atlántico), que fue un ícono, y aquí encontré referentes en el Club de Planeadores. Por ejemplo, una chica que remolcaba planeadores, que fue por ella que me di cuenta que no quería ser azafata solamente porque lo que me gusta a mi es volar. Y no tuve suerte de conocer antes de empezar a alguien dedicado a aplicación aérea, pero sí después a otra joven que está volando también.

– Cuando mirás hacia adelante, ¿cuáles son tus sueños o desafíos? ¿Ser piloto de grandes naves, por ejemplo?
– Quizás en un futuro lo probaría, no lo digo que no a las experiencias. Pero bueno, ahora a corto plazo estoy con la aplicación aérea y me gusta mucho. Sigo aprendiendo. Y estoy incorporando una nueva actividad que es la lucha contra incendios forestales. No descarto otras actividades a futuro: tengo 24 años, no me puedo encasillar. Estoy abierta a que surjan nuevas cosas.