En un escenario productivo complejo, la planificación temprana es una condición necesaria para el manejo de malezas. Las recomendaciones del especialista Eduardo Cortez.


En el marco de la jornada Don Mario Más, realizada en el Centro de Experiencias GDM en Chacabuco, el ingeniero agrónomo Eduardo Cortez, especialista en manejo de malezas e investigador y desarrollador de herbicidas en Agrotester I+D, puso el foco en un punto neurálgico de la campaña: la planificación anticipada.

Para el técnico, la agricultura argentina atraviesa un momento bisagra en el que las decisiones tempranas pesan más que nunca.

“La idea es que, cuando tratás una problemática, siempre que la trates anteriormente, sabiendo lo que tenés y qué herbicidas podés utilizar, los beneficios son mayores”, explicó el profesional en diálogo con Infocampo.

Por ese motivo el mensaje de Cortéz fue claro: la diferencia entre un lote ordenado y un problema inmanejable se construye antes de que la maleza emerja.

En ese sentido, el ingeniero agrónomo fue contundente: “No hay que apagar incendios”. Según planteó, cuando el productor actúa con la maleza ya instalada, el margen técnico y económico se reduce drásticamente. En cambio, anticiparse permite diseñar estrategias más eficientes y sostenibles.La previsión, además, tiene impacto directo en los números del negocio. “Planificar también te permite comprar insumos con mejores precios”, sostuvo. Y advirtió sobre un factor cada vez más frecuente: la disponibilidad.

“Algunos productos residuales que funcionan bien para maíz o para soja, muchas veces, dependiendo del año, pueden llegar a faltar y, cuando los querés conseguir, generalmente tienen mayor costo”, resaltó el entrevistado.

UN NEGOCIO ATRAVESADO POR INCERTIDUMBRE
La agricultura es, por definición, un sistema biológico expuesto al clima. Cortez reconoció que ningún Excel contempla totalmente las contingencias: excesos o faltantes de lluvia pueden obligar a reprogramar aplicaciones o incluso a realizar un “doble golpe” no previsto. Sin embargo, remarcó que el conocimiento previo del lote amortigua los imprevistos.

“Si yo sé la maleza que tengo, a qué va mi lote y qué rotación le voy a hacer posterior, eso lo minimizo muchísimo”, afirmó.

Bajo un esquema de asesoramiento profesional sólido, estimó que “el 80 o el 85% de todo el paquete herbicida está asegurado” cuando existe organización previa.El problema, describió, aparece cuando la decisión se toma a último momento. Ventanas de aplicación que se acortan, demoras logísticas y faltantes de producto generan un efecto dominó que impacta en la eficacia del control.

“Muchas veces el productor se da cuenta de que tiene que aplicar y no tiene el producto, o la cooperativa no tiene stock. Todo eso se minimizaría planificando”, resumió.

En ese contexto, la planificación deja de ser un concepto teórico para transformarse en una herramienta concreta de competitividad. Especialmente en campañas ajustadas, donde cada punto de rendimiento cuenta.

AMARANTHUS Y GRAMÍNEAS: LAS AMENAZAS
Al analizar el escenario actual, Cortez identificó al Amaranthus (el yuyo colorado) como la principal preocupación a nivel país.

“Todos los años empieza a crecer en área y en problemática, y se supera a sí misma porque adquiere alguna resistencia”, alertó. Se trata, según describió, de la maleza que mayor tiempo y recursos demanda en los planteos agrícolas.

Pero el frente no termina allí. El especialista advirtió sobre el avance del complejo de gramíneas, con especies como Digitaria, Echinochloa, Chloris, Leptochloa, Eleusine y sorgo de alepo, que comienzan a ocupar un lugar cada vez más relevante en la agenda técnica. “Es un problema actual que se va a agravar en el futuro”, anticipó.Frente a este panorama, destacó que Argentina cuenta con una amplia disponibilidad de herramientas químicas y biotecnológicas, lo que representa una ventaja comparativa frente a otros países. No obstante, marcó un límite claro: la tecnología, por sí sola, no resuelve el problema.

TECNOLOGÍA SÍ, PERO INTEGRADA AL MANEJO
Cortez fue enfático al referirse a la incorporación de nuevas plataformas, como los sistemas tolerantes a herbicidas. “Que yo incorpore esa tecnología no significa que con eso voy a solucionar todo. No es ‘incorporo esto y me olvidé de todo lo que venía haciendo’; es algo más al manejo”, explicó.

Desde su visión, el Manejo Integrado de Malezas (MIM) todavía tiene margen para profundizarse en la superficie agrícola argentina. Rotaciones, uso estratégico de residuales, monitoreo sistemático y diversificación de modos de acción forman parte de una estrategia que debe definirse antes de la siembra.“La planificación tiene que estar en la mesa desde el minuto cero, igual que cuando se define qué híbrido o qué variedad sembrar”, enfatizó. Integrar tecnología, conocimiento del lote y diseño de rotaciones es, para el especialista, la única vía sostenible frente a la creciente resistencia.

La planificación no es un evento aislado, sino un proceso continuo. En un escenario cada vez más complejo, anticiparse no solo protege el rendimiento, sino también la rentabilidad. Porque, en definitiva, quien planifica juega el partido con ventaja; quien reacciona, corre siempre desde atrás.